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17 enero 2011 1 17 /01 /enero /2011 18:02

1) Para saber

Posiblemente muchos se habrán hecho muy buenos propósitos al inicio del año. Habrá de varias clases: hacer más ejercicio, bajar de peso, etc. Esos propósitos muestran nuestros intereses. Si bien, es importante mantener el cuerpo en forma, lo es más aún tener el alma. Por ello, es conveniente pensar en cómo crecer espiritualmente, cómo crecer en el amor a Dios.

2) Para pensar

¿Cuáles son nuestros intereses? Un relato nos ilustra al respecto.

Se cuenta que un newyorkino enseñaba la ciudad a un amigo japonés, mientras hablaban de varios temas, incluyendo el de la fe. Paseaban por el centro de Manhattan, a la hora del almuerzo. En medio del infernal ruido producido simultáneamente por bocinas, sirenas, altoparlantes, música a todo volumen y miles de personas hablando al mismo tiempo, el oriental le dijo a su amigo: "Estoy oyendo un grillo".

“¿Qué? ¡Debes estar loco! -replicó el americano- ¡No es posible que puedas escuchar un grillo en medio de todo este ruido!”

Sin decir nada, el japonés caminó hacia un tarro de flores que había en la acera y, tras una ligera búsqueda, extrajo de allí un pequeño grillo. El amigo, sorprendido, dijo: "Esto es extraordinario, debes tener los oídos de Superman".

“No -respondió el nipón-, mis oídos son iguales a los tuyos. Solo que todo depende de lo que a uno le interese escuchar”.
Para demostrar lo que decía, sacó de su bolsillo varias monedas y discretamente las dejó caer al piso. El sonido producido por las monedas al tocar el suelo provocó que todos los transeúntes voltearan inmediatamente la cara, curiosos por saber dónde había caído el dinero.

“¿Ves lo que te digo? -insistió su amigo oriental-, el sonido del dinero lo escucharon todos, pero el del grillo no. Todo depende de lo que es importante para ti. Tú mismo pregúntate, ¿Qué es importante para mí? Pues de la respuesta que des, dependerán tus acciones. Algunos dicen que no pueden oír a Dios, que Él nunca les habla. Pero quizás no lo pueden escuchar porque ese no es el sonido que quieren oír. Pueden escuchar la moneda que cae al piso, pero son incapaces de captar el chirrido del grillo”.

Y terminó diciendo el japonés: “Dice una canción «no busques a Cristo en lo alto, ni lo busques en la oscuridad, mucho menos entre la multitud, pues muy dentro de ti, en tu corazón, puedes adorar a tu Señor». Dios es esa musiquita dentro de nuestro ser, que no debemos acallar por escuchar otros atractivos sonidos”.

3) Para vivir

En la mayoría de los casos la conversión que nos pide Dios no será cambiar de actividades, sino de actitud. Es decir, cambiar nuestro modo de estar en esas mismas actividades: Si antes me enojaba ver a mi cuñada, o mi suegra, mi conversión consistirá en tratar de vivir la caridad y no criticar más; si me impaciento demasiado con los hijos, habré de tener más paciencia y no dejarme llevar por la ira; si no obedezco rápido y de buena manera a mis padres, mi conversión podrá consistir en obedecerlos ‘a la primera y con buena cara’.

En pocas palabras, la conversión consistirá en hacer lo que ya hacemos, pero como más le agraden a Dios. Haciendo un examen de conciencia sabremos qué nos pide Dios. Y si no hallamos en qué, preguntémosle a quienes conviven con nosotros, ellos sí lo saben.

Pbro. José Martínez Colín


Meditación breve


María participa en la fiesta de quienes gozan, bailan, disfrutan del vino, ríen, cantan, sin dejar de observar todo lo que sucede en ella. Su observación, activa y comprometida, le permite ver lo que nadie ve. Vive con atención afectuosa a lo que falta, pendiente de quien necesita ayuda, vive en actitud de interés y amistad hacia los demás, dispuesta a solucionar situaciones difíciles y momentos de apuro.
No dice: “ya no queda vino” de forma impersonal, sino: “no les queda vino”. Primero las personas, después las cosas. Pide para los demás.
Son las últimas palabras de María en el Evangelio. No nos podía haber dicho nada más profundo y mejor. Haced lo que Él os dice. Practicad el Evangelio, que es el camino para introducir el amor en el mundo. Amor que ama primero, que ama sin exigir recompensa, amor de Evangelio.
Estas palabras son el testamento de María. No volvió a decirnos nada más. Tampoco necesita venir a visitarnos para darnos nuevos mensajes, a veces terroríficos. Su último y definitivo mensaje es: Haced lo que Él os diga.

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